El lastre de lo viejo, al descubierto,
editorial de GARA sobre el Pleno de Política General celebrado en el Parlamento de Gasteiz el 24 de septiembre de 1999.
El Pleno de Política General celebrado ayer en el Parlamento de Gasteiz sirvió más para asistir a un nuevo debate sobre las posiciones de cada partido en torno al proceso de pacificación y normalización de Euskal Herria que para examinar la actuación del Gobierno autonómico en el curso pasado y conocer sus planes de futuro. Probablemente sea inevitable que así ocurra en la actual fase política. Y el debate dejó en evidencia el lastre que lo viejo supone para abordar con garantías el futuro del país.
A la vista de los derroteros por los que discurrieron los discursos de ayer, quedó patente que los límites de la Comunidad Autónoma del País Vasco son demasiado estrechos para siquiera concebir dentro de ellos una salida racional al conflicto. Porque hasta quien no quiera admitir que Euskal Herria es el sujeto de derecho deberá al menos reconocer que el territorio en el que se da el conflicto político es más amplio que el que abarca el Parlamento de Gasteiz. El propio lehendakari vio la necesidad de que todas las provincias tomen parte activa en foros de diálogo resolutivos que al final deben ser superiores a los que pueden impulsarse, al que él mismo impulsa, dentro del actual marco institucional. Pretender diseñar una salida democrática desde la partición no es realista ni siquiera práctico.
Por otra parte, en el debate de ayer también quedó meridianamente claro que el modelo del consenso, que tan famoso se hizo en un tiempo, no es factible en este momento político. Los partidos políticos carecen a fecha de hoy de un mínimo común denominador para abordar la resolución democrática de este contencioso. Unos hablan de peras y otros de manzanas. Y en este escenario, el que la mayoría que ya dispone de un diagnótico común de los orígenes del conflicto y una fórmula de salida diseñada quede a la espera de una improbable decisión de PSOE y PP es conceder a estos partidos la capacidad de veto sobre el futuro. Por eso, hoy aparece como más necesario que nunca que la mayoría social y política que conforman los firmantes del Acuerdo de Lizarra-Garazi siga dando pasos adelante sin ningún tipo de complejos. Al igual que deben seguir adelante quienes desde posiciones absolutamente democráticas están fijando las bases de la construcción nacional. Todo ello con la mano tendida, porque el futuro habrá que contruirlo entre todos, pero sin dejar que la minoría se adueñe del porvenir.
![]() |